Se me olvidó
Sí, se me olvidó.
Se me olvidó el ardor de la edad temprana,
ser viento de Levante entre los pliegues de una falda
en busca de tesoros escondidos suaves y de terciopelo.
Se me olvidáron sus ojos o los míos sobre los de ella.
Olvidé ese punto de fondeo atrevido abierto a los cálidos ventisqueros,
hoy me acuno en playas más tranquilas, de aguas monótonas y serenas.
Su olor me persigue como una sombra, aun habiéndolo olvidado.
Se me olvidó que todo aquello estaba olvidado hasta que
ella los despertó con un poema lleno de fuerza, y de vida, y de rabia también,pero de mucha añoranza, esquina a Melancolía.
Me recordó que un día quise así y que alguien también me quiso, aunque haya olvidado su nombre.
Desde el alerón del puente de gobierno, apoyado sobre la borda, el sol se va poniendo lentamente sobre el horizonte. Por mi popa, la oscuridad me va alcanzando, sumergiendo mi barco en la inquietud de la noche. El sol tangentea el horizonte refractando un último rayo, el rayo verde. Es la señal,la esperanza de que tras la oscuridad de la noche, me llegará la luz del alba. Antonio Ruibérriz
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domingo, 16 de enero de 2011
Noche en el páramo
Noche estrellada en el páramo,
fría y desamparada,
los lobos aúllan, la luna brilla,
esplendor sobre el collado.
Al raso, ella cruza admirada
el yermo territorio.
fría y desamparada,
los lobos aúllan, la luna brilla,
esplendor sobre el collado.
Al raso, ella cruza admirada
el yermo territorio.
Desesperación
No nos toca interpretar, tampoco vislumbrar con claridad meridiana el sentimiento del poeta.
Sentir es lo que se nos está permitido al leer otros sentimientos, figuras poéticas encadenadas que iluminan ráfagas de certidumbres.
No hay mayor desolación que la del marino en medio de la alta mar con un sextante quebrado en sus manos. Esa sensación de inmenso abandono, de aturdimiento que percute las sienes ardientes del músico que no encuentra los acordes en la partitura que yace sobre el atril es similar al de unos pies descalzos por necesidad
En esas coordenadas extraviadas yo siento desesperación, desánimo en el desconcierto de una sonrisa que esperaba cálida y que destroza su moderación.
Sentir es lo que se nos está permitido al leer otros sentimientos, figuras poéticas encadenadas que iluminan ráfagas de certidumbres.
No hay mayor desolación que la del marino en medio de la alta mar con un sextante quebrado en sus manos. Esa sensación de inmenso abandono, de aturdimiento que percute las sienes ardientes del músico que no encuentra los acordes en la partitura que yace sobre el atril es similar al de unos pies descalzos por necesidad
En esas coordenadas extraviadas yo siento desesperación, desánimo en el desconcierto de una sonrisa que esperaba cálida y que destroza su moderación.
Amanece
No llames Silencio a la luz del alba que precede al día
Ni Impotencia al leve fulgor del sol naciente
No es Rabia encontrar fresca la mañana, preludio de calor al mediodía
No es Mediocridad lo que encuentro en lo que escribes, amiga mía
Sólo es que amanece un nuevo día
Ni Impotencia al leve fulgor del sol naciente
No es Rabia encontrar fresca la mañana, preludio de calor al mediodía
No es Mediocridad lo que encuentro en lo que escribes, amiga mía
Sólo es que amanece un nuevo día
Campanas en la noche
Sofocado de silencios recorro las calles
en un parto descontrolado de deseos.
Acompasa mis latidos el sonido de una campana,
su tañido al alcanzarme me revuelve,
recordándome, amor mío, que camino hacia tu lado.
Mi corazón pierde paso llegada la madrugada.
Buscando mis oídos, la llamada metálica me sofoca,
advirtiendo en su tañer que aún habré de esperar
el calor de unas sábanas tibias ansiosas de barullo.
Metal premonitorio, cuando dejes de sonar
se parará el tiempo del quehacer,
y tu sonido será sustituido por el suave rumor de un te quiero en sus oídos
en un parto descontrolado de deseos.
Acompasa mis latidos el sonido de una campana,
su tañido al alcanzarme me revuelve,
recordándome, amor mío, que camino hacia tu lado.
Mi corazón pierde paso llegada la madrugada.
Buscando mis oídos, la llamada metálica me sofoca,
advirtiendo en su tañer que aún habré de esperar
el calor de unas sábanas tibias ansiosas de barullo.
Metal premonitorio, cuando dejes de sonar
se parará el tiempo del quehacer,
y tu sonido será sustituido por el suave rumor de un te quiero en sus oídos
Hoy sólo quiero
Hoy sólo quiero soltar las amarras,
que sea la marea quien me lleve,
navegar suave en la cálida brisa de tu boca
sentir el vaivén de las olas al abrigo de tu vientre
Que tu cuerpo reciba el embate salado de mis besos
En el silencio jadeante de un sofá,
los vaqueros, sorprendidos, nos observan desde el suelo,
cómplices de unas zapatillas que se besan más allá.
Hoy sólo quiero que me quieras,
que alcancen tus silencios la madrugada
mientras rimo versos de amor en tu piel
inspirado por el brillo de tu oscura mirada.
que sea la marea quien me lleve,
navegar suave en la cálida brisa de tu boca
sentir el vaivén de las olas al abrigo de tu vientre
Que tu cuerpo reciba el embate salado de mis besos
En el silencio jadeante de un sofá,
los vaqueros, sorprendidos, nos observan desde el suelo,
cómplices de unas zapatillas que se besan más allá.
Hoy sólo quiero que me quieras,
que alcancen tus silencios la madrugada
mientras rimo versos de amor en tu piel
inspirado por el brillo de tu oscura mirada.
viernes, 15 de octubre de 2010
Un ripio enamorado
Soy, apenas lo sé
Fui, aunque lo haya olvidado
Seré, lo que me pidas que sea,
Seré el que se quede a tu lado
Fui, aunque lo haya olvidado
Seré, lo que me pidas que sea,
Seré el que se quede a tu lado
Madrugá
Lluvia blanca de luces espectrales,
pisadas cadenciosas en la madrugada
riegan de cera el trance hacia el Calvario,
alguien lanza un quejido lastimero,
un repelús cruza mi espalda
entre incienso, tambores y azahares.
Cimbreo de varales rozando los balcones,
llanto de dolor por la pérdida anunciada
en el rostro iluminado por la luz de los hachones,
el arte en movimiento entre parada y parada,
costaleros bajo palio, orgullo, sudor y lágrimas
amanece un nuevo día por los resquicios del alma.
pisadas cadenciosas en la madrugada
riegan de cera el trance hacia el Calvario,
alguien lanza un quejido lastimero,
un repelús cruza mi espalda
entre incienso, tambores y azahares.
Cimbreo de varales rozando los balcones,
llanto de dolor por la pérdida anunciada
en el rostro iluminado por la luz de los hachones,
el arte en movimiento entre parada y parada,
costaleros bajo palio, orgullo, sudor y lágrimas
amanece un nuevo día por los resquicios del alma.
Sol embotellado
Caderas de mujer embutidas en volantes,
paleta de colores, aroma de cagajones,
sol embotellado en las entrañas
y a lo lejos, en la bruma que da el vino,
una sonrisa de mujer.
Axilas depiladas al compás de una copla
tanto puedes, tanto me da lo que valgas
feria de Abril, hoguera de vanidades
te miro a caballo, caireles, zahones
y el deseo en los ojos del hombre.
paleta de colores, aroma de cagajones,
sol embotellado en las entrañas
y a lo lejos, en la bruma que da el vino,
una sonrisa de mujer.
Axilas depiladas al compás de una copla
tanto puedes, tanto me da lo que valgas
feria de Abril, hoguera de vanidades
te miro a caballo, caireles, zahones
y el deseo en los ojos del hombre.
martes, 20 de noviembre de 2007
Errores
Fuiste alegría en el encuentro y llanto en la despedida,
esperanza al inicio de mis horas más bajas,
el candor de una virgen en el esplendor de la danza.
Así te sentía cada mañana, aunque no estuvieras a mi lado
Eras el sol que alegre asomaba entre las nubes de mi indiferencia,
la lluvia que empapaba mi rostro curtido por el viento de la infidelidad,
yo, las olas del mar frente al calor de tus playas vacías de sensaciones,
tú el rayo que precedía al trueno de mis sentimientos, y ya no me cegabas.
Hoy, de tanto conocer lo que no conozco navego errante,
desciendo por el río tempestuoso de mis lágrimas amargas,
añoro como nunca los montes y valles que creía conquistados.
Contigo he perdido mi hogar, mi patria, mi bandera.
Tu piel será ensenada oculta en la tormenta de mi iniquidad,
temporal de sentimientos confusos, de emociones arboladas
que me impiden recalar al abrigo de tu cálido vientre.
esperanza al inicio de mis horas más bajas,
el candor de una virgen en el esplendor de la danza.
Así te sentía cada mañana, aunque no estuvieras a mi lado
Eras el sol que alegre asomaba entre las nubes de mi indiferencia,
la lluvia que empapaba mi rostro curtido por el viento de la infidelidad,
yo, las olas del mar frente al calor de tus playas vacías de sensaciones,
tú el rayo que precedía al trueno de mis sentimientos, y ya no me cegabas.
Hoy, de tanto conocer lo que no conozco navego errante,
desciendo por el río tempestuoso de mis lágrimas amargas,
añoro como nunca los montes y valles que creía conquistados.
Contigo he perdido mi hogar, mi patria, mi bandera.
Tu piel será ensenada oculta en la tormenta de mi iniquidad,
temporal de sentimientos confusos, de emociones arboladas
que me impiden recalar al abrigo de tu cálido vientre.
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