lunes, 28 de marzo de 2011
El vuelo del grajo
Hace días que no nieva. Sol, y frío intenso que anestesia mis mejillas. Aceras brillantes, color de perlas majóricas en calles del resbaladero, flanqueadas de encajes de nieve sucia tachonadas de amarillo: los perros mean a pesar del frío.
NOKIA 9620
Acababa de instalarse un Nokia última generación: audífono permanente en el tímpano derecho, muy discreto y silencioso; batería celular bajo la piel del colodrillo recargable por ondas electromagnéticas; micrófono insertado en el segundo molar superior derecho. La pantalla transparente bajo la cornea de su ojo derecho. Audífono del GPS en su tímpano izquierdo con visualización a través de su cornea izquierda. Ramón era un excéntrico.
Apenas media hora de clínica y ya paseaba robotizado, hablando como los locos vía molar. Sus pasos, dirigidos por una invisible pantalla ocular le llevaron hasta un semáforo que él interpretó verde para peatones cuando en realidad visualizaba llamada aceptada en su ojo derecho y giro a la derecha en su izquierdo.
Tendido y moribundo sobre el asfalto, una voz le advertía que recalculaba la ruta en su oído izquierdo mientras, por el derecho, en finlandés, le daba instrucciones para recomponer la desconexión de su batería. Supo antes de morir que el manual no se lo habían instalado en español.
Apenas media hora de clínica y ya paseaba robotizado, hablando como los locos vía molar. Sus pasos, dirigidos por una invisible pantalla ocular le llevaron hasta un semáforo que él interpretó verde para peatones cuando en realidad visualizaba llamada aceptada en su ojo derecho y giro a la derecha en su izquierdo.
Tendido y moribundo sobre el asfalto, una voz le advertía que recalculaba la ruta en su oído izquierdo mientras, por el derecho, en finlandés, le daba instrucciones para recomponer la desconexión de su batería. Supo antes de morir que el manual no se lo habían instalado en español.
In green peace
Serpentea la carretera envuelta en el vaho que se eleva creando espejismo de asfalto húmedo. Transcurre mi conducción entre mástiles de energía eólica, bosques inmensos de mástiles de vivos colores que cambian conforme avanzo hacia el sur. De el azul añil de la Costa Brava a los ocres de la Meseta, todo ello moteado, de vez en cuando, por campos de grises paneles solares. Atravieso Jaén envuelta en mástiles verde oliva. En un otero, un grupo de turistas locales se fotografía ante cuatro olivos centenarios, no quedan otros.
El zam, zam acompasado de las aspas amortiguan el ruido del motor. Entre dos mástiles verde pino, una gran pancarta amarilla me sorprende: ¡Nucleares ya! No más contaminación paisajística. Lo firma Greenpeace, tan proactiva como siempre.
El zam, zam acompasado de las aspas amortiguan el ruido del motor. Entre dos mástiles verde pino, una gran pancarta amarilla me sorprende: ¡Nucleares ya! No más contaminación paisajística. Lo firma Greenpeace, tan proactiva como siempre.
domingo, 16 de enero de 2011
Vivo aquí
El trozo de pizza recalentada en el microondas se descolgaba blando sobre su mano suspendida como los relojes de Dalí, pendiente de la pantalla del ordenador. Estaba furioso, pasaba de un hilo a otro del foro y nadie respondía a sus envíos. Diez de la noche de un 24 de diciembre y sólo un usuario conectado: él. Godspell no daba crédito, ¿cómo podían haber sucumbido a esa absurda tradición de cena y turrones? Él, intelectual de google y wikipedia, látigo fustigador de todo lo que oliese a rancio e incienso, se encontraba solo frente a unos hilos sin respuestas. Maldiciendo las fiestas de invierno, volvió a revisarlos.
A escasos 500 metros en línea recta sobre los tejados, los padres de Godspell cenaban esperando a que al menos los llamase.
A escasos 500 metros en línea recta sobre los tejados, los padres de Godspell cenaban esperando a que al menos los llamase.
Se me olvidó
Se me olvidó
Sí, se me olvidó.
Se me olvidó el ardor de la edad temprana,
ser viento de Levante entre los pliegues de una falda
en busca de tesoros escondidos suaves y de terciopelo.
Se me olvidáron sus ojos o los míos sobre los de ella.
Olvidé ese punto de fondeo atrevido abierto a los cálidos ventisqueros,
hoy me acuno en playas más tranquilas, de aguas monótonas y serenas.
Su olor me persigue como una sombra, aun habiéndolo olvidado.
Se me olvidó que todo aquello estaba olvidado hasta que
ella los despertó con un poema lleno de fuerza, y de vida, y de rabia también,pero de mucha añoranza, esquina a Melancolía.
Me recordó que un día quise así y que alguien también me quiso, aunque haya olvidado su nombre.
Sí, se me olvidó.
Se me olvidó el ardor de la edad temprana,
ser viento de Levante entre los pliegues de una falda
en busca de tesoros escondidos suaves y de terciopelo.
Se me olvidáron sus ojos o los míos sobre los de ella.
Olvidé ese punto de fondeo atrevido abierto a los cálidos ventisqueros,
hoy me acuno en playas más tranquilas, de aguas monótonas y serenas.
Su olor me persigue como una sombra, aun habiéndolo olvidado.
Se me olvidó que todo aquello estaba olvidado hasta que
ella los despertó con un poema lleno de fuerza, y de vida, y de rabia también,pero de mucha añoranza, esquina a Melancolía.
Me recordó que un día quise así y que alguien también me quiso, aunque haya olvidado su nombre.
Noche en el páramo
Noche estrellada en el páramo,
fría y desamparada,
los lobos aúllan, la luna brilla,
esplendor sobre el collado.
Al raso, ella cruza admirada
el yermo territorio.
fría y desamparada,
los lobos aúllan, la luna brilla,
esplendor sobre el collado.
Al raso, ella cruza admirada
el yermo territorio.
Desesperación
No nos toca interpretar, tampoco vislumbrar con claridad meridiana el sentimiento del poeta.
Sentir es lo que se nos está permitido al leer otros sentimientos, figuras poéticas encadenadas que iluminan ráfagas de certidumbres.
No hay mayor desolación que la del marino en medio de la alta mar con un sextante quebrado en sus manos. Esa sensación de inmenso abandono, de aturdimiento que percute las sienes ardientes del músico que no encuentra los acordes en la partitura que yace sobre el atril es similar al de unos pies descalzos por necesidad
En esas coordenadas extraviadas yo siento desesperación, desánimo en el desconcierto de una sonrisa que esperaba cálida y que destroza su moderación.
Sentir es lo que se nos está permitido al leer otros sentimientos, figuras poéticas encadenadas que iluminan ráfagas de certidumbres.
No hay mayor desolación que la del marino en medio de la alta mar con un sextante quebrado en sus manos. Esa sensación de inmenso abandono, de aturdimiento que percute las sienes ardientes del músico que no encuentra los acordes en la partitura que yace sobre el atril es similar al de unos pies descalzos por necesidad
En esas coordenadas extraviadas yo siento desesperación, desánimo en el desconcierto de una sonrisa que esperaba cálida y que destroza su moderación.
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